El dia en que subí a un volcán

Cuando César se despertó a las seis de la mañana en el hostal de Pucón en que nos alojamos, yo no tenía ninguna intención de acompañarle. Ya le había dicho por la noche que no participaría en la ascensión al volcán de Villarrica. Me daba mucha pereza las horas de caminata con una pesada mochila a cuestas. Él tampoco me insistió demasiado. 

P1030205

Pero me puse a pensar si no me arrepentiría más tarde de mi pereza y me respondí que sí, así que aparecí en el comedor en que César estaba desayunando. Me miró sorprendido. No contaba ya conmigo, pero estaba contento de mi decisión.

A las 7h tomamos la furgoneta 4×4 con los tres guías chilenos que nos llevó a la falda del volcán. Allí coincidimos con otras ocho personas, entre las que había chilenos, brasileños, franceses y… una pareja de Ceuta.

P1030208

En primer lugar, tomamos un telesilla para acortar un poco la larga ascensión prevista, enfundados en un grueso anorak negro. El sol empezaba a apretar de lo lindo así que nos embadurnamos en crema solar antes de salir. En nuestra mochila, además de los crampones para el hielo, llevábamos bocadillos de atún, barras de cereales, agua y bebida isotónica.  Los guías nos adviritieron de que debíamos llevar un ritmo no muy rápido pero si constante, ya que había un tiempo límite para llegar a la cima.

Iniciamos la ascensión en trayectoria de zigzag, usando el piolet como bastón. Cuando más tarde la pendiente se hizo más empinada, alguien preguntó que hacer en caso de resbalar y descubrimos otra utilidad del piolet: la de freno de emergencia.

P1030214  P1030212

Al cabo de una hora hicimos la primera parada, y luego otra. Más tarde el intervalo se redujo a 45 minutos.

P1030223

Iba a la cola del grupo. Me sentía agotada. Por momentos me arrepentía de haber decidido subir. Al cabo de cuatro horas, me encontraba muy cansada, pero la cima ya debía estar cerca, así que reuní mis últimas fuerzas y . La pareja de chilenos se había quedado atrás con uno de los guías, así que después de todo no parecía ser yo la menos en forma del grupo. El ejercicio de los más de dos meses habían servido de algo. 

P1030226

En el tramo final, el guía recomendó no usar los crampones. Caminar con precacución sería suficiente y no ralentizaría el paso. Así lo hicimos y, tras cinco horas y media de agotadora ascensión, avistamos la cima humeante de azufre. Cuando al fin llegamos, fue un momento de intensa emoción: me invadió una alegría desbordante y abracé a César. Saltamos, nos hicimos mil fotos. No podía dejar de sonreír pero me brotaban las lágrimas. Pensé que a nuestro amigo Luis le habría gustado vernos disfrutar de la montaña como él lo había hecho.

P1030235

P1030238   P1030230

Y si el ascenso fue sufrido, el descenso fue de lo más divertido. Nos deslizamos sobre un plástico rígido a través de unos toboganes escarbados en la nieve. Si no frenabas, alcanzabas velocidades de vértigo y acababas rodando por la nieve. Disfrutamos como niños.

P1030239

Aunque no lo sé con certeza, creo que esto fue más o menos lo que debió pensar Laia el día en que subimos al volcán de Villarrica. Un gran día.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s